¿ Porqué ?

por Roberto Contreras

       
   
 

Hace dos millones de años, los humanos aprendimos a hacer con una piedra, un instrumento con el que se podía cortar.
Esa primera experiencia resultó en una innovadora manera de vivir, un primer paso que aprovechando lo que ofrecía la naturaleza comenzó a aprender como  solventar nuestras necesidades.

Los seres humanos nos distinguimos del resto de las especies que conocemos, porque somos capaces de preguntar el porqué de las cosas, y también buscar las respuestas.
La naturaleza nos plantea los enigmas y entonces nos corresponde encontrarles respuestas.

   
         

Al principio nos dimos cuenta de que podíamos articular los sonidos y se crearon las palabras,  luego inventamos los números y dividimos el tiempo en años, meses, días, horas, segundos.
Miramos hacia las estrellas y ya sabemos que somos parte de un conjunto de piedras que forman un universo que no tiene fin.

Luego descubrimos otra piedra, el átomo y encontramos otro universo infinito.
¿En donde estamos, que somos?
 Entender y aceptar nuestro lugar en el universo puede ser difícil, y ha sido un trabajo constante de la ciencia, la filosofía, el arte, la cultura.

Podemos hacernos muchas preguntas para encontrar el sentido y el comportamiento de todo lo que la naturaleza nos entrega, hoy comprendemos al fin, que no estamos ni estaremos por encima de ella, y que al final del día los seres humanos somos como las flores de un jardín,  nacemos, crecemos, florecemos, nos marchitamos. 

El jardín de la vida entonces, solo puede admirarse en su conjunto, con todas sus flores, conjugando colores, aromas, texturas pero todas juntas forman ese bello paisaje que es la vida.

Los seres humanos hablamos entre nosotros, nos enseñamos, mejoramos antiguas ideas y vamos dando forma al mundo que hoy tenemos.
Podemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado?   En muchas cosas si, en otras definitivamente, no. 

Aunque las ideas y la ciencia nos han permitido rebasar los sueños de Julio Verne y Da Vinci, la poca previsión de los resultados de muchas acciones negativas como el egoísmo y la ambición desmedida, han dado a la humanidad el desequilibrio para tener en contraparte pobreza, hambre y violencia, además de lo que es al parecer el irreversible daño que le estamos haciendo al planeta.

Y sin embargo, ya hablamos de llegar a Marte y de que en mil años ya se tendrán en el planeta rojo condiciones de albergar a la raza humana, seguramente seleccionada y útil a las condiciones reinantes.

¿Hay una salida humana?

¡Por supuesto¡

 

Y la respuesta está en las artes y la ciencia, y lo es, porque como dijo Albert Einstein, al hablar de los motivos que tenemos para dedicarle tiempo, es “escapar de la vida cotidiana con su dolorosa crudeza y su vana monotonía”. 

Es admirar desde la salida del sol cada mañana, escuchando la música que nos ofrece la naturaleza y coronarlo con la luna en su mayor resplandor, disfrutando la armonía de las cosas, plasmarlas en las diversas manifestaciones que el arte ofrece y brindando por las respuestas al porqué de las cosas y que la ciencia no deja de buscar.

Todo lo que se necesita es amor, como cantaba el poeta Lennon. Amor por las cosas que hacemos, por el entorno en que nos desenvolvemos, por el prójimo, a nuestra sociedad, a nuestra familia, por la tierra que pisamos,  amor por el país.

El mundo no progresa por si mismo. Son los seres humanos los que hacen que se muevan las cosas, en base a aciertos y errores, aprendiendo para mejorar, sabiendo que lo único que no podemos hacer es no intentarlo, porque solo así seremos mejores.

Tengamos la visión por mejorar, por que  en nuestras acciones podemos equivocarnos, pero insistiendo, todo se puede lograr.
Recuerdo un comercial donde uno de los mejores deportistas de todos los tiempos, Michael Jordan decía haber fallado 9 mil tiros en su carrera, perdido 300 partidos, fallar en 26 ocasiones el tiro de la victoria.  “He fracasado una y otra vez en mi vida, por eso tengo éxito”, concluía.

Y esa, es una lección de vida.
Comencemos por nosotros mismos, por seguir en el intento, con una actitud siempre positiva, por admirar los ciclos de cada día, por insistir en el arte y la ciencia como una forma de vivir, para que sigamos planteando el porqué de las cosas y porque en cada respuesta, esté la sonrisa que alimenta cada acción que ejecutamos.

Porque en 2017 sabemos que si fallamos una canasta, en la siguiente oportunidad podremos encestar, porque la vida siempre da oportunidades, es cuestión de nosotros aprovecharlo.

 

NIÑOS


El gran Pablo Neruda decía que el niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió al niño que había en el y le hará mucha falta.

Sería fácil reír siempre, mostrar la alegría por lo que hacemos, sentirnos afortunados por nuestro trabajo, por la vida que hemos construido, los hijos a quienes les enseñamos a ser mejores seres humanos, tener una actitud positiva respecto a lo que nos rodea.

Sería fácil jugar con ellos, respetando su individualidad, satisfaciendo su curiosidad por el conocimiento y el aprendizaje, mostrarles que con actitud es como podrán lograr sus objetivos de vida.

Se dice que un niño es un ser que está en constante aprendizaje que lo formará en su etapa adulto, pero si los seres humanos no dejamos de aprender significa que siempre habrá un niño en nosotros.

Sin duda, la desaparición de ese niño interior, se convierte en desaliento es un mal que se extiende en el mundo y que es parte de mucho de lo negativo que acontece en el planeta.

Que pasa cuando a los seres humanos nos dominan las emociones negativas, la frustración por el futuro, la falta de ganas para superarse o mejorar, cuando las ilusiones no existen, depresión, sin motivación alguna.

Ser niño no es una etapa de la vida, ser niño es un estado, una manera de ser, de pensar, de saber que hay una sonrisa al comenzar y al terminar lo que se hace, ser niño es esperanza, por que las cosas ocurran, por maravillarnos ante los eventos, es alimentar las ilusiones, sueños y anhelos por hacer las cosas.

Ser niño es confianza, resistencia, alegría, inocencia, curiosidad, naturalidad, dar y pedir amor.

Despertar con una sonrisa, es saber que habrá una gran experiencia ese día. Es estar satisfecho con lo que somos y hacemos, no temer a los fracasos y equivocaciones, es saber que el no, no existe y que cada experiencia, buena o mala, nos hará ser mejores.

Cuando un niño nace, la confianza es su bandera, su sonrisa es un acto de fe por la vida, por quienes lo rodean, porque se siente protegido, extiende sus brazos con la confianza de que es recibido y reconocido.

La confianza logra milagros, atraviesa el bosque de las apariencias y llega a las metas que nos hemos establecido.

¿Porque no despertar al niño que tenemos dentro?

Nuestro niño interior es la semilla que podrá lograr un mundo mejor, que debe estar arriba de toda la oscuridad del mundo. Sacar al niño interior es una misión personal, es una actitud de vida, una manera de no perder la felicidad.



 

 
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