Durante septiembre de 1937 fue cazado el último ejemplar del tigre balinés, una subespecie endémica de la isla indonesia de Bali, la más pequeña de todos los tigres. Con la llegada del siglo XX y sus implicaciones, el crecimiento de la población humana afectó directamente a todas las especies del planeta, en el caso específico de esta especie, fueron elegidas grandes zonas del bosque tropical para el cultivo, por lo que la deforestación de su hábitat natural provocó su extinción, sumada también a la caza como deporte, debido al miedo que inspiraban entre la población.


El tigre de balí se suma a una larga lista de especies extintas y de otras tantas en peligro de extinción. Por ello este mes recordamos que el Holoceno, último periodo geológico que se caracteriza por la extinción masiva de las especies en el planeta; es un periodo que abarca desde el mamut hasta el dodo, y las innumerables especies que han desaparecido y que se suman a la lista en peligro de extinción cada año; este periodo también se caracteriza por la presencia del ser humano en la tierra.

 

El ser humano es un factor de riesgo para la vida misma del planeta, ya que con su aparición, crecimiento desmedido y avance “tecnológico”; la deforestación y la explotación de recursos, también animales; crean un desequilibrio en los ecosistemas que lo conforman y cuyo desbalance deriva en un cambio climático inminente que extrema los fenómenos naturales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuáles son las principales causas que llevan a la extinción a ciertas especies?

Todas las causas que implican al ser humano son: la destrucción de sus hábitats, la caza furtiva, deportiva, comercial y de plagas; la ganadería, el tráfico de fauna, la sobreexplotación, la contaminación, obras de grave impacto (como carreteras, caminos y puentes) y la introducción de especies exóticas a ecosistemas que no corresponden.


¿Qué podemos hacer para prevenir la extinción de estos animales?

Estas son algunas medidas de seguridad que podemos tomar, difundir y exigir a las instituciones sean instauradas para proteger el patrimonio natural de cada país, pero sobretodo para conservar el equilibrio ambiental, necesario para la preservación de nuestra propia especie: Prohibir la caza de animales, evitar la deforestación de bosques, delimitar las áreas protegidas y reservas naturales; y evitar la contaminación y sobreexplotación de los recursos naturales.


 

 

 

 
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